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La historia de

Andrea Stalletti

Empresario | Studio Tetti Stalletti S.R.L.

Andrea Stalletti

La historia de Andrea Stalletti - Empresario | Studio Tetti Stalletti S.R.L.

Crecí respirando el olor de la madera. Mi familia trabaja en este mundo desde hace cinco generaciones: un aserradero histórico que ha atravesado épocas, relevos generacionales y cambios del sector. En los años 70, mi padre decidió ampliar la actividad empezando a construir tejados, y de ahí nació la Fratelli Stalletti S.A.S., fundada junto con mi tío.

Cuando llegó la maquinaria de control numérico, a principios de los años 2000, entendimos que era el momento de dar otro salto. Transformamos la estructura societaria y fundamos Studio Tetti Stalletti S.R.L., con mi entrada y la de mi hermano. Fue un paso natural pero significativo: unir la tradición con la necesidad de modernizar procesos, estructura y visión.

Con el tiempo, sin embargo, me di cuenta de que la palabra "tejados" ya no representaba realmente lo que hacíamos. El término evoca un imaginario artesanal, a menudo poco definido, alejado de la evolución que había emprendido nuestra empresa. Hoy realizamos cubiertas, estructuras y edificios de madera, carports, pérgolas, berceau y construcciones completas. Seguimos siendo especialistas en madera, pero de una manera mucho más amplia y contemporánea respecto a la que teníamos al principio.

A pesar de esto, durante años quedé atrapado en el day by day. Obras, urgencias, meteorología, clientes, imprevistos: cada jornada parecía decidida por los acontecimientos y no por mí. Seguía posponiendo decisiones importantes, aun sabiendo que tarde o temprano tendría que afrontarlas. Ya tenía dentro de mí la idea de que en la empresa había llegado el momento de estructurarnos de otra manera, pero no sabía por dónde empezar. O, más sinceramente, no encontraba el espacio mental para hacerlo.

Entrar en Private Community supuso la primera interrupción real de ese círculo. El CED™ (Core Emotional Desire), el trabajo sobre la Vision y la Mission, fue para mí un punto de inflexión. No porque contuviera información nueva, sino porque hacía visible lo que siempre había estado ahí, sepultado bajo la rutina. Poner por escrito por qué hago este trabajo y adónde quiero llevar la empresa tuvo el efecto de ordenarlo todo: la historia familiar, las competencias adquiridas, los deseos, las responsabilidades, el futuro.

Un momento importante de mi recorrido fue darme cuenta de que ya no bastaba con "sacar adelante la empresa". Sentía la necesidad de darle una dirección clara, sobre todo pensando en los próximos quince años y en el tema del relevo generacional. Tengo dos hijas adolescentes que empiezan a hacerse preguntas sobre su futuro, y yo mismo ya no podía permitirme ignorar preguntas como: ¿qué tipo de empresa quiero dejar? ¿En qué forma? ¿Sobre qué cimientos?

Con Combine® empecé a trabajar de forma concreta en todo lo que llevaba años postergando. Un ejemplo es el sistema de gestión: sabía que hacía falta un ERP serio, adaptado a la complejidad de los trabajos en altura y de las colaboraciones con otras empresas. Pero durante mucho tiempo había dado vueltas alrededor de la cuestión sin afrontarla de verdad. Las focus session me ayudaron a definir los requisitos esenciales, a priorizar, a tomar decisiones, a llevar el trabajo adelante con continuidad.

Otro ámbito que he desbloqueado ha sido el de la búsqueda de personal. Hoy el recurso más crítico no es el cliente, sino la mano de obra cualificada. Con Combine obtuve herramientas prácticas: fichas, criterios de evaluación, sugerencias para llevar las entrevistas. Vi a 25 candidatos en un día, presentando la empresa con una claridad que nunca había tenido antes. Fue un momento en el que toqué con la mano lo que significa contar con un apoyo estructurado.

Está luego el aspecto más humano. Durante el CED™ (Core Emotional Desire) me pasó de abrazar a una persona conocida esa misma mañana, compartiendo emociones profundas. A los cincuenta años no es una experiencia trivial: te recuerda que el empresario no es solo el papel que desempeña, sino el ser humano que hay detrás. Es un recuerdo que llevo conmigo, una especie de brújula en los momentos más complicados.

Pensando en el pasado, me doy cuenta de que durante años me conté a mí mismo que "no tenía tiempo". Era mi justificación recurrente. Y todavía hoy, de vez en cuando, corro el riesgo de usarla como excusa. La verdad es que, cuando algo es de verdad importante para mí, encuentro el tiempo.

Mi rutina es exigente: vivo en Milán, la empresa está en Valcuvia, 90 kilómetros de ida y 90 de vuelta. Tengo dos hijas, una mujer que trabaja todo el día, una empresa que opera en las casas de las personas, con urgencias reales. Y sin embargo me levanto a las cinco, estoy en la empresa a las siete, y en la pausa de la comida me reservo una hora y media para entrenar. No porque los días se hayan hecho más largos, sino porque he aprendido a dar espacio a lo que importa.

La comunidad se ha convertido, para mí, en un lugar de intercambio auténtico, de conciencia creciente, de compromiso concreto. Es un espacio en el que ya no me cuento la típica historia del "no tengo tiempo", sino en el que vuelvo a preguntarme si estoy poniendo en el centro lo que es esencial: el crecimiento de la empresa, mi crecimiento personal, el futuro que quiero construir.

Este recorrido me ha permitido levantar la cabeza. Mirar más allá de la obra, más allá de la urgencia, más allá de la rutina. Volver a elegir de verdad la dirección.